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Emil Jiménez: un umpire por naturaleza

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Su vocación lo ha llevado a crecer aceleradamente en esta profesión

Prensa VUC / Juan Carlos Villamizar – Es frecuente que un ser humano siga los patrones herederos de sus ancestros, sobre todo si estos han dejado un legado importante. En el caso del árbitro profesional Emil Jiménez, tuvo que poner en una balanza si declinarse por la abogacía, rama en la que han incursionado gran parte de sus hermanos y su padre, o decidir tomar otro rumbo.

Emil quien es el tercero de cinco hermanos, es el único varón que no decidió estudiar leyes, pues se decantó por sacar su Licenciatura en Educación Física. Él, junto a su hermana Eminelly (médico), son los únicos que, a diferencia de Emilio, Elvin y Edwin (sus otros tres hermanos), no siguieron las huellas de su progenitor.

Sin embargo, Emil, de una u otra manera buscaría la forma de heredar características símiles a las de su padre, y eso fue el amor por el beisbol.

Desde los 5 años jugó pelota en su natal Coro, influenciado siempre por sus hermanos mayores y su papá, Emilio Jiménez, quien hoy lleva las directrices de la Asociación de Beisbol del estado Falcón.

“Yo era lanzador, pero como le ha pasado muchos, un día me lesioné el codo de lanzar y ahí se acabó mi sueño de ser un pelotero profesional”, destacó.

Ese acto no amilanó a aquel joven soñador, al contrario lo motivó a seguir luchando, hasta que llegó el día en que su hermano Elvin lo incentivó a realizar un curso de umpires. “Él siempre llegaba con los cuentos de cómo era ese mundo y me motivó a realizar ese curso en Coro, organizado por Miguel Hernández en el año 2010”, apuntó Emil.

Después de aquella ocasión, nació una pasión por esa carrera. En el 2011 realizó su primer campamento formal en Venezuelan Umpire Camp y desde ese momento su vida cambió. “Cuando llegué a VUC me di cuenta como era el trato al umpire y la visión que tenía de pelotero empezó a cambiar”… “Todo fue dándose de manera rápida, ya en ese mismo año fui a la Liga Paralela, posteriormente en el 2012 acudí a la Venezuelan Summer League y en el 2013 debuté en la Liga Venezolana de Beisbol Profesional (LVBP)”, enfatizó.

El destino lo pondría a prueba y de manera fortuita e inesperada Emil debutaría el 26 de octubre de 2013. En el juego entre los Tiburones de La Guaira y los Tigres de Aragua fijado en el calendario en la ciudad de Maracay, ya estaba asignado el cuarteto arbitral compuesto por: Edward Pacheco (HP), Carlos Leal (1B), Nick Lentz (2B) y Henry “Moñoño” León (3B), pero un inconveniente personal con este último lo sacó del juego y el rol lo tuvo que asumir el novato. El sueño de haber llegado a la LVBP se había hecho realidad.

 

EL DEBUT ESPERADO

“Cuando entré al cuarto de árbitro yo no me creía lo que estaba sucediendo, recuerdo el apoyo del grupo. Para ellos, al igual que para mi familia, era igual de emocionante que para mí; todos nos disfrutamos ese momento”, sentenció el coriano.

Emil reflexionó antes de saltar al terreno y en su mente rebobinó muchas historias que lo llevaron a analizar el paso que había alcanzado y la transición de estar en ese momento debutando en un campo profesional como árbitro y no como pelotero.

“La vida te da las oportunidades y uno tiene que demostrar de que estás hecho”, recordó.

Hoy por hoy es un árbitro consagrado en la LVBP y se abre camino en las Ligas Menores, siendo uno de los diez criollos que pertenecen al sistema de Minor League Baseball. Su ascenso a la  Clase A media en la South Atlantic, es un hecho de que su esfuerzo está empezando a dar recompensas, y así como lo hizo su hermano Elvin con él, Emil le heredó los aperos a su sucesor Edwin, quien también es umpire de la LVBP y se abre paso dentro del beisbol organizado.

“El sueño de todos es llegar a Grandes Ligas, una parte depende de mi y otra del factor suerte. Todo lo dejo en nombre de Dios y creo que en 5 o 6 años puedo llegar”, expresó.

Seguir los pasos de Manuel González y Carlos Torres, pioneros del arbitraje criollo en las Grandes Ligas, es una motivación extra para el falconiano; y, aunque para él, esta profesión es muy criticada, siempre será el amor de su vida.

Emil Jiménez demostró desde un principio que iba a tener un temple de hierro para tomar decisiones, independientemente de sus resultados. Al tener que decidirse por seguir los trazos fijados de sus ancestros al estudiar Derecho, o declinarse por lo que a él le gustaba, desde es momento sus sentencias han marcado la historia y vida de este profesional.